Una tormenta quebró el mástil mayor de la nave. Parecía el final. No había tierra a la vista ni nada; solo olas de veinte metros y un cielo pardo vomitando rayos.La tripulación estaba sacudida, todas sus pertenencias se fueron a la deriva. Mojados y confusos lo habían perdido todo. Lo que jamas pudo apagarse fue una pequeña llama de esperanza. Esta era tan diminuta, que gracias a un niño que llevaba una lupa en su bolsillo, podían regocijarse los unos a los otros con solo contemplarla y cuidarla.
Finalmente vino la calma y con la calma comenzaron a divisarse una serie de islas que anticipaban el continente al que los abatidos náufragos lo señalaron exclamando:-AMOR!!!
Todos se salvaron en el continente AMOR.
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